Son
muchos los que discuten sobre si el nuevo filme del universo cinematográfico de
DC Cómics, protagonizado por Gal Gadot y dirigido por Patty Jenkins, es o no
una película feminista. Tanto su
directora, como varias de sus actrices y actores se han pronunciado al
respecto, con ideas que chocan entre sí.
Esto es lo que yo pienso.
Para empezar, es la primera película en
solitario de una superheroína desde la lejana “Elektra” en 2005, que fue un
completo fracaso tanto en crítica como en taquilla. Me parece algo completamente disparatado,
teniendo en cuenta el extenso mundo cinematográfico que está desarrollando Marvel
de manos del gigante Disney: ¿Cómo es que no se han preparado aún cintas en
solitario para las tantas y tantas superheroínas que viven en las páginas de
sus cómics? Hemos visto películas de
Thor, Capitán América, Iron-Man, dos sagas distintas de Spider-man… y en todas
ellas la mujer el único papel que desempeña es el de damisela en apuros (con ciertos
avances, eso sí, en su participación en el desarrollo de la historia, pero aún
lejos de un protagonismo íntegro). No
existen superheroínas fuera de un contexto de equipo, compuesto en su mayoría
por hombres –véanse Los Vengadores (Viuda Negra y Bruja Escarlata) o los X-Men
(Jean Grey, Mística, entre otras).
Wonder Woman rompe así con esta
línea y se convierte en la primera superheroína en un mundo de testosterona y
músculos exagerados. Diana Prince, amazona
y princesa de Themiscira, recoge su espada, su escudo y su Lazo de la Verdad con
el propósito de detener ni más ni menos que la Primera Guerra Mundial.
Los primeros minutos de cinta
prometen mucho. Un elenco formado
íntegramente de actrices nos presenta la paradisíaca isla de Themiscira, lugar
donde no habitan hombres y del que partirá nuestra heroína. Ello supondrá, en el futuro, que cuando Diana
se meta de lleno en un Londres de principios del siglo XX, no entienda por qué
la mujer se encuentra relegada en todos los aspectos de la sociedad, llegando a
ser presentada como una simple secretaria para no llamar demasiado la atención.
Hasta este punto, todo bien. En todo momento la directora utiliza a la
protagonista como una ventana externa al machismo de la época, haciendo
partícipe al espectador de ciertas injusticias a las que las mujeres debían
hacer frente: tipo de ropa que debían llevar, trabajos que realizaban,
etc. También se toma la libertad de
hacer varios chistes de corte feminista, que probablemente las haga reír más a
ellas que a ellos.
Sin embargo, prácticamente toda la
historia gira en torno a un hombre, el capitán Steve Trevor (Chris Pine), que aterriza sin querer en el mundo de las
amazonas y fuerza a la protagonista a iniciar su aventura. Desde entonces, las mujeres desaparecerán de
la pantalla y serán reemplazadas por un grupo de soldados elegidos por el
coprotagonista masculino, que los acompañarán en su aventura, y la aparición
fugaz de Elena Anaya (como la química alemana Maru) y Lucy Davis (como Etta, la
secretaria de Steve Trevor). El resto
del elenco, serán hombres.
La crítica a esta sociedad injusta
siempre estará ahí, en menor o mayor medida.
Las miradas de asombro de todos los soldados cuando es una mujer la que
detiene una batalla con tan sólo una espada y un escudo, dicen mucho más que
las palabras. La inocencia de Diana
también deja en evidencia muchas de estas críticas, al no entender por qué una
mujer no puede entrar en según qué sitios, ni decir lo que piensa o actuar de
tal manera.
Sin embargo, personalmente me quedó un
regustillo amargo al ver que toda la historia avanzaba siempre gracias al
coprotagonista masculino. A pesar de ser
capaz Diana de tomar sus propias decisiones, siempre está ahí Steve para
decirle qué está bien y qué está mal. En
el cómic original, allá por los años ’40, era algo muy rompedor que un
personaje masculino se enamorase de un personaje femenino mucho más poderoso
que él. En muchas ocasiones, éste se
veía puesto en peligro o secuestrado, siendo la superheroína la encargada de
rescatarlo (lo que viene siendo lo normal en una historia de superhéroes pero
con los papeles invertidos). No obstante,
en la película, el soldado interpretado por Chris Pine es bastante dependiente,
llegando a ser el que salve a la protagonista en más de una ocasión.
Mi conclusión es que podría haber
sido una película mucho más valiente, mucho más rompedora y mucho más
feminista, pero seguimos poniéndonos la zancadilla en pos de las ventas en
taquilla. Al final, se sigue pensando
que el cine de superhéroes es mayoritariamente para el público masculino y
parece darnos miedo que si una mujer nos salva el trasero, perdamos la hombría
en el camino.
Wonder Woman no es una película
feminista, pero sí muy necesaria en un mundo donde el papel de la mujer sigue
muy relegado. Debemos seguir luchando
para que más cintas como esta, que muestran a mujeres fuertes, independientes y
que luchan por lo que creen, sigan generando tantísimas ganancias en taquilla
(más de 600 millones de dólares en todo el mundo).
Espero que estas cifras sean una
señal de que algo está cambiando y Wonder Woman no caiga en el olvido como
Catwoman en 2004 o Elektra en 2005. Y
sobre todo, espero que no tengamos que esperar otros doce años para ver a una
mujer protagonizando en solitario una película de superhéroes.

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