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| Imagen de Perunamuumi en Deviantart. |
No tenéis ni idea de cuán peligroso puede ser un
amor imposible. Hay que tratarlos con cuidado y no jugar con ellos, pues son
tan atractivos como destructores. Te capturan porque piensas que los puedes
controlar. Crees que el mismo hecho de que sea imposible te protege de
cualquier daño. Craso error.
Los
amores imposibles son el paradigma del romanticismo. Un amor que nunca va a ser
consumado. Un amor que está destinado a fracasar desde el mismo momento en el
que surge. Un amor que se quiebra y se transforma en necesidad cuando te das
cuenta de que existe un obstáculo insalvable.
Comprendes
que no puede funcionar, pero quieres seguir intentándolo. En lo más hondo de tu
corazón, deseas que no funcione. Quieres ser un mártir del amor, sentirte
herido, porque eso ocupa el vacío que el amor no puede llenar. Si intentas
deshacerte de él, te hiere. El amor imposible penetra, y cuando está dentro,
despliega sus espinas para que no lo puedas sacar.
Los
amores imposibles luchan contra la irrevocable verdad de su existencia. El destino
los persigue porque nunca tendrían que haber existido. Y los encuentra. Y una
vez los ha acorralado, los machaca. Pero el amor imposible queda ahí,
destruido, hecho añicos y clavado en lo más profundo de tu ser.
Es lo que tiene el destino, que no es muy cuidadoso
y no se molesta en recoger los pedazos.
