martes, 29 de noviembre de 2011

Soy un cabrón empedernido

Las personas son un peligro. 

    
Imagen de ArLapka 
   Caminas por la calle sin preocupaciones, encerrado en tu pompa de cristal. Nadie sonríe y el mundo parece estar en calma. No hay emociones. Cada rostro que te cruzas es idéntico al anterior, inmutable. Las emociones de otros son un misterio que no te interesa descubrir. 
   Y de pronto ves un rostro descompuesto, una mirada perturbadora. Una mujer llora abrazada a otra. Una completa desconocida. 
   Y se quebranta la regla; igual que tu pompa de cristal revienta y tus emociones se desbordan. Creías estar protegido por una pared infranqueable y la sonrisa que has llevado todo el día cae como el telón de una obra de teatro al terminar el primer acto. Te creías fuerte para soportar el peso de tus emociones y, sin embargo, esa mujer, esa cualquiera, con su desvergonzada muestra de humanidad, de debilidad, te recuerda que el mundo no es un lugar tan perfecto y que tú no eres el único que sufre. 
   Te das cuenta de que todo es una fachada. Todos a tu alrededor llevan esa máscara de indiferencia para protegerse a sí mismos de sus propias emociones; el mundo tiene que pensar que eres feliz. La desconocida es peligrosa: su llanto amenaza con destapar nuestra tapadera. 
   Y sabes que ese descubrimiento debería ser algo bueno. Sabes que deberías reír porque seguro que hay males mucho mayores que el tuyo. Deberías estar dichoso. Pero no eres tan cabrón. 
   Aunque te gustaría. 

viernes, 14 de octubre de 2011

Otro whisky seco, por favor

     

El borracho mira la copa vacía y reflexiona. 
         En su cabeza bullen ideas que probablemente mañana no recordará. Otro whisky seco, por favor. En su cabeza, confundido, los sueños se mezclan con los recuerdos mientras la tristeza se escurre entre los hielos.
        El borracho se envenena porque la vida le hace daño. Mira el licor dorado; está frío pero quema en su garganta como el dolor en su corazón.    

lunes, 30 de mayo de 2011

Be whisky, my friend


Esto va en contra de mi naturaleza depresiva e inconstante. Por lo tanto, voy a intentar que suene lo más fatalista posible.

Imagen de Ethe, http://ethe.deviantart.com/


    Yo tengo una amiga. Sé que suena extraño que otro ser humano quiera desperdiciar un poco de su tiempo conmigo –porque eso es lo que se supone que hacen los amigos, pasar tiempo juntos, charlar…-, y ella piensa que debo ser más optimista. Quiere que la siguiente entrada del blog –es decir, esta-, sea más positiva. Pero yo pienso, ¿por qué escribir sobre algo positivo? O ¿por qué escribir sobre algo de manera optimista y alegre?
    Está bien, no todo debe ser dolor y lágrimas, pero… ¿por qué escribir sobre algo que crees que está bien y no merece ser mejorado o cambiado radicalmente? A mi parecer es una tarea completamente absurda y sin sentido volcar esfuerzos mentales o intelectuales en algo que no merece ser mejorado. Quiero decir, si algo te gusta, simplemente, disfrútalo. Vive el momento. ¿No es mejor pararse a pensar en todo lo injusto, lo cruel, lo malvado del mundo y denunciarlo?

   Cuento todo esto simplemente para demostrar que aquello que me hace sentir bien no tiene ninguna importancia ni interés. Podría describir lo muchísimo que me gusta ver el crepúsculo a través de mis gafas de sol mientras voy en el autobús escuchando mis canciones favoritas. Lo vivo que me siento cuando voy corriendo sin aliento por el campo mientras Muse me grita al oído que me odia. Lo agradable que resulta que el perro se acurruque entre mis piernas y me apoye el hocico sobre la mano para pedirme que lo acaricie. Lo genial que sienta poner música a todo volumen mientras grito a pleno pulmón la letra sin ningún sentido del ritmo. El sabor de una cerveza bien fría. La risa de mis amigos cuando hago un chiste.
    Podría seguir y seguir, porque son muchas las cosas que merecen la pena, no contar, sino vivir. La vida no se lee, se experimenta. Nadie puede relatarte lo genial y lo increíble que puedes llegar a ser, porque eso sólo puedes descubrirlo tú mismo, en tus propios huesos.

    Por ello pienso que dejemos las penas y las lamentaciones en el procesador de texto y dediquemos la vida a ser felices o, al menos, a intentarlo.

lunes, 4 de abril de 2011

Descubrimientos desagradables

Imagen de soyismyhomeboy: http://soyismyhomeboy.deviantart.com/


Odio levantarme un día y descubrir que todos los valores que creía legítimos y por los que valía la pena luchar no valen una mierda. Y últimamente me ocurre a menudo.
                Supongo que se debe al proceso al que nos exponemos todos y cada uno de nosotros al madurar. La vida ni es tan bonita, ni es tan fácil; cuanto antes te des cuenta de esto, mejor. De pequeños, en nuestra inútil, aunque maravillosa inocencia, nos dejamos llevar por la imaginación y nos creamos unas estructuras mentales que son terriblemente erróneas.
                Yo quiero ser modelo, dice Laura; Yo quiero ser veterinaria, dice María. Estas afirmaciones en sí, si algún día cobran la fuerza necesaria para transformarse en sueños, representan un gran pilar sobre el que erigir una vida, sin embargo, difícilmente se cumplen. Laura será una cajera de supermercado y María quizás acabe, con suerte, de camarera en algún bar.
Y, ¿eso es todo? No, ni mucho menos. Cuando somos niños el mundo está repleto de magia, de cosas que no se entienden –que prefieres no entender-, de misterios sin resolver que “ya lo entenderás cuando seas mayor”. Peter Pan no sabe la tremenda suerte que tiene. Una vez creces, y esto sucede tan despacio que apenas te das cuenta, la imaginación desaparece.
Allí donde antes había un caballo blanco de crines grisáceas, ahora sólo es una escoba –roja, además- con la que tienes que limpiar toda la casa. El bosque donde se desarrollaban batallas épicas no es más que un simple jardín, y los gigantes que amenazaban con arrebatarte la vida de un pisotón ya no son ni árboles, porque te los han cortado.
Pero, en el fondo, todo esto no son más que pamplinas, pequeñeces tan nimias que la mayoría de nosotros ni se esfuerza en recordar. Lo peor viene después: cuando de pequeño creías que la justicia, la honradez, la lealtad y la fidelidad eran valores que todo el mundo respetaba. Que sólo los malos delinquían y que la generosidad era una virtud.
Poco a poco te formas otra imagen del mundo. No existen buenos ni malos, Disney mentía y te sientes furioso con él. Todo es tan relativo que ni un asesino llega a ser nunca culpable. Existen en el mundo deseos tan oscuros e impuros que te aterra lo siniestras que pueden resultar algunas personas.
Y la claridad de una resolución: no existen buenas acciones desinteresadas. Joey de “friends” tenía muchísima razón. Intenta hacer una buena acción desinteresada y ya la estarás haciendo para contradecirme. El simple hecho de querer quedar bien ante los demás ya hace que no sea desinteresado.
La falsedad de un “lo siento” y la rapidez de un “te quiero”.
Vivimos en una era egoísta en la que sólo pensamos en uno mismo, en nuestros propios intereses. Si es cierto o no lo que digo, si quieres darle crédito, es cosa tuya. Quizá solo sean las divagaciones de alguien que está descontento con el mundo, de alguien que piensa que la tierra está podrida y la humanidad desfallece.
Con todo esto sólo quiero decir una cosa:
Recobremos los valores humanos, pero los de verdad. Los que le dan a la humanidad otra concepción, no sólo la de un puñado de seres humanos, sino la referente a la sensibilidad, la compasión por las desgracias de nuestros semejantes.