Mi peor
pesadilla fue despertarme y descubrir que todo había sido un sueño.
domingo, 4 de agosto de 2013
sábado, 27 de julio de 2013
Porque te amaba
La
discusión llegó a su punto álgido cuando Eva soltó la ensaladera con el
almuerzo que aún llevaba en las manos.
Se hizo el silencio mientras el bol de cristal se deshacía en mil
pedazos contra el mármol, y el grito que crecía en su garganta murió antes de
haber nacido. Pablo resopló indignado y
se giró para no enfrentarla, desviando su mirada hacia la calle desde el
balcón.
-Estoy harta de que siempre evites
todas las discusiones -le espetó-, ¿me oyes? Harta. Siempre esquivándome y haciendo como que no ha
pasado nada. A veces pienso que no
tienes sentimientos.
-Para –gimió Pablo, apoyándose en la
barandilla y mirando en la dirección opuesta-.
Me haces daño.
-¿Daño? Eres tan frío que dudo que corra sangre por
tus venas. Hay momentos en los que me
pregunto si realmente te importo. –Eva
hizo una pausa, esperando una reacción que él no tendría-. ¿Por qué viniste a buscarme, Pablo? ¿Para esto luchaste por mí? Estaba mejor sola.
Pablo suspiró débilmente y masculló:
-Porque te amaba.
-¿”Porque me amabas”? ¿Y dónde está ese amor ahora, Pablo? ¿Te acuerdas acaso del día en que apareciste por
el bar y te declaraste?
>>Ese Pablo ya no existe. ¿Dónde está el chico que me enamoró con
palabras bonitas y romanticismo?
Recuerdo que entró una noche en el bar donde trabajaba y me preguntó si
yo iba incluida en la carta. Al
principio me pareció una frivolidad, pero cuando me dijo que me quería como
primer plato pensé que era un grosero.
Pablo ni siquiera se giró para
mirarla mientras Eva contaba su relato.
Se sabía bien la historia, pero al igual que ella, no sabía dónde estaba
aquel chico.
-La segunda vez que apareciste, me
pediste dos platos a pesar de no venir acompañado. Pensé que ya te habrías camelado a alguna
zorra, así que te los serví y no pregunté.
Entonces me cogiste de la mano y me pediste de rodillas que cenara
contigo. ¿Te acuerdas, Pablo? ¿Recuerdas que me suplicaste? Me prometiste que si cenaba contigo no me
arrepentiría, que no necesitabas más de una hora para demostrarme que podías
ser el hombre de mi vida si te dejaba.
-Y no aceptaste –añadió Pablo, con
una sonrisa.
-No, porque la verdad es que me
pareciste un gilipollas –continuó Eva-. Al día siguiente me estabas esperando
en la puerta con un gigantesco ramo de flores.
Todas distintas, atadas con una cinta de colores.
-Las había ido recogiendo por todos
los jardines que me había encontrado por el camino –siguió él-. Acabé con las
manos llenas de llagas; las rosas son flores peligrosas.
-Me diste tanta pena que tuve que
aceptar la invitación –rió Eva, acercándose a él por la espalda y haciendo el
ademán de tocarle el hombro. Pero Pablo
no se inmutó, seguía mirándola sin verla y oyéndola sin escucharla.
-Recogeré mis cosas mañana y me iré
–sentenció. Pablo ni siquiera respondió,
volvió la cabeza hacia el tráfico de la avenida que corría bajo sus pies y
asintió.
-Creo que tienes razón –dijo
finalmente-. Tal vez nunca debí haberte
enamorado.
domingo, 9 de junio de 2013
The sun isn't coming anymore
A veces pienso que los malos días pasarán. Imagino que en algún momento las nubes se van y aparece el sol después de este laaargo y frío invierno. A veces incluso me lo creo...
...y me digo a mí mismo que here comes the sun.
Pero el sol nunca viene, y acabo pillando un constipado por quedarme esperando bajo la lluvia. Y nada está all right. Todo sigue tan gris como ayer, como el cielo.
jueves, 21 de febrero de 2013
Por algo es mi libro favorito...
<<Mis mayores desdichas en este mundo han sido las de Heathcliff y cada una de ellas la he visto venir desde el primer momento y la he padecido; él es mi principal razón de existir.
Si perecieran todas las demás cosas pero quedara él, podría seguir viviendo. Si, en cambio, todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el mundo se me volvería totalmente extraño y no me parecería formar parte de él.
Mi amor por Linton es como el follaje de un bosque, y estoy completamente segura de que cambiará con el tiempo, de la misma manera que el invierno transforma los árboles. Pero mi amor por Heathcliff se parece al cimiento eterno y subterráneo de las rocas; una fuente de alegría bien poco apreciable, pero no se puede pasar sin ella.
Nelly, yo soy Heathcliff, siempre estoy pensando en él, no necesariamente como en algo placentero, pero es que yo misma tampoco me gusto siempre, sino como en eso, como en mi propio ser. Así que no vuelvas a hablar de separación entre Heathcliff y yo, es una cosa imposible.>>
Cumbres Borrascosas; Emily Brontë
martes, 12 de febrero de 2013
Ira / Melancolía
-Le amo, señor, con toda mi alma.
-Bien -dijo tras unos minutos de silencio-, resulta extraño, pero esa frase se ha clavado en mi pecho como un cuchillo. ¿Por qué? Tal vez por la devoción religiosa que evocan tus palabras, o porque leo en tus ojos la expresión sublime de virtudes como la fe y la sinceridad... Es como si tuviera al lado a un espíritu. Prefiero que me mires con cara de malvada, como sueles hacer: dibuja en tus labios una de esas retorcidas sonrisas tuyas, Jane, a medio camino entre la timidez y la provocación; dime que me odias, ríete de mí, búrlate, haz lo que sea, pero provócame. Prefiero mil veces sentir ira que melancolía.
Jane Eyre; Charlotte Brönte.
miércoles, 30 de enero de 2013
Las grandes historias
-No puedo hacer esto, Sam.
-Lo sé, ha sido un error. No deberíamos ni haber llegado hasta aquí.
>>Pero henos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros. Esas de las que no quieres saber el final, porque... ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad cómo ha sufrido?
>>Pero al final todo es pasajero, como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día, y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo.
>>Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante... porque todos luchan por algo.
>>Pero henos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros. Esas de las que no quieres saber el final, porque... ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad cómo ha sufrido?
>>Pero al final todo es pasajero, como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día, y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo.
>>Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante... porque todos luchan por algo.
-¿Por qué luchas tú ahora, Sam?
-Para que el Bien reine en este mundo, señor Frodo. ¡Se puede luchar por eso!
El Señor de los Anillos: Las Dos Torres; Peter Jackson. 2002.
El Señor de los Anillos: Las Dos Torres; Peter Jackson. 2002.
domingo, 27 de enero de 2013
"Nos hicieron creer que <<el gran amor>> sólo sucede una vez, generalmente antes de los treinta años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente".
John Lennon.
Hay cosas que no deberían cambiar nunca
<< Pero lo que más me gustaba de aquel museo era que todo estaba siempre en el mismo sitio. No cambiaba nada. Podías ir cien mil veces distintas y el esquimal seguía pescando, y los pájaros seguían volando hacia el sur, y los ciervos seguían bebiendo en las charcas con esas patas tan finas y tan bonitas que tenían, y la india del pecho al aire seguía tejiendo su manta. Nada cambiaba. Lo único que cambiaba era uno mismo. No es que fueras mucho mayor. No era exactamente eso. Solo que eras diferente. Eso es todo. Llevabas un abrigo distinto, o tu compañera tenía escarlatina, o la señorita Aigletinger no había podido venir y nos llevaba una sustituta, o aquella mañana habías oído a tus padres pelearse en el baño, o acababas de pasar en la calle junto a uno de esos charcos llenos del arco iris de la gasolina. No puedo explicar muy bien lo que quiero decir. Y aunque pudiera, creo que no querría. […]Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas. Sé que es imposible, pero es una pena. >>
El guardián entre el centeno. J.D. Salinger.
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