Esto va en contra de mi naturaleza depresiva e inconstante. Por lo tanto, voy a intentar que suene lo más fatalista posible.
Imagen de Ethe, http://ethe.deviantart.com/
Yo tengo una amiga. Sé que suena extraño que otro ser humano quiera desperdiciar un poco de su tiempo conmigo –porque eso es lo que se supone que hacen los amigos, pasar tiempo juntos, charlar…-, y ella piensa que debo ser más optimista. Quiere que la siguiente entrada del blog –es decir, esta-, sea más positiva. Pero yo pienso, ¿por qué escribir sobre algo positivo? O ¿por qué escribir sobre algo de manera optimista y alegre?
Está bien, no todo debe ser dolor y lágrimas, pero… ¿por qué escribir sobre algo que crees que está bien y no merece ser mejorado o cambiado radicalmente? A mi parecer es una tarea completamente absurda y sin sentido volcar esfuerzos mentales o intelectuales en algo que no merece ser mejorado. Quiero decir, si algo te gusta, simplemente, disfrútalo. Vive el momento. ¿No es mejor pararse a pensar en todo lo injusto, lo cruel, lo malvado del mundo y denunciarlo?
Cuento todo esto simplemente para demostrar que aquello que me hace sentir bien no tiene ninguna importancia ni interés. Podría describir lo muchísimo que me gusta ver el crepúsculo a través de mis gafas de sol mientras voy en el autobús escuchando mis canciones favoritas. Lo vivo que me siento cuando voy corriendo sin aliento por el campo mientras Muse me grita al oído que me odia. Lo agradable que resulta que el perro se acurruque entre mis piernas y me apoye el hocico sobre la mano para pedirme que lo acaricie. Lo genial que sienta poner música a todo volumen mientras grito a pleno pulmón la letra sin ningún sentido del ritmo. El sabor de una cerveza bien fría. La risa de mis amigos cuando hago un chiste.
Podría seguir y seguir, porque son muchas las cosas que merecen la pena, no contar, sino vivir. La vida no se lee, se experimenta. Nadie puede relatarte lo genial y lo increíble que puedes llegar a ser, porque eso sólo puedes descubrirlo tú mismo, en tus propios huesos.
Por ello pienso que dejemos las penas y las lamentaciones en el procesador de texto y dediquemos la vida a ser felices o, al menos, a intentarlo.
