-Le amo, señor, con toda mi alma.
-Bien -dijo tras unos minutos de silencio-, resulta extraño, pero esa frase se ha clavado en mi pecho como un cuchillo. ¿Por qué? Tal vez por la devoción religiosa que evocan tus palabras, o porque leo en tus ojos la expresión sublime de virtudes como la fe y la sinceridad... Es como si tuviera al lado a un espíritu. Prefiero que me mires con cara de malvada, como sueles hacer: dibuja en tus labios una de esas retorcidas sonrisas tuyas, Jane, a medio camino entre la timidez y la provocación; dime que me odias, ríete de mí, búrlate, haz lo que sea, pero provócame. Prefiero mil veces sentir ira que melancolía.
Jane Eyre; Charlotte Brönte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario